Tal como puede observarse en la imágen de más abajo (que resume una encuesta abierta durante algo más de una semana, click para agrandar), a pesar de la
barrileteada intentada por sus compañeros entre lunes y martes, los lectores de este blog tienen un juicio notablemente homogéneo sobre el choque Méndez-Falcao e, implícitamente, sobre la violencia en el fútbol.
El 90.9% de los lectores (proporción a todas luces notable) considera que la violenta entrada de Falcao sobre Méndez aquella noche de mayo, seguida de la ausencia de castigo y coronada por el
cinismo constituyen el pico de deslealtad en el enfrentamiento. En algún punto, como
aquí sugerimos varios días antes del partido, la ausencia de castigo conduciría indefectiblemente a revanchas
por mano propia, por sí muy condenables, pero no por ello menos explicables.

La mirada implícita en ese 90.9% supone una noción (para usar la expresión de
Karl Mannheim) relacional de la violencia. Observar sólo la reacción, desanclada de su contexto, constituye un ejercicio de análisis no sólo vacío sino funcional a aquellos que antes eludieron el castigo.
Por el contrario, notas como
esta constituyen una versión no comparada y no situada del fenómeno. Primero, está ausente cualquier marco de comparación y se culmina, indefectiblemente, en comentarios de peluquería de barrio. ¿Acaso se pega más ahora que antes, digamos hace 20 ó 30 años? Dudo mucho. Y mis dudas se sustentan en la ausencia de comparación: en la nota no existe sustento empírico alguno para dejar picando ese
cómo se pega en el fútbol..., sino un relato impresionista y a medida. Segundo, los hechos son presentados como si ocurrieran cortados en el vacío, como si pudieran ser fácilmente separados de su reciente historia de violencia, mala intención, ausencia de castigo y cinismo.
En última instancia, la polémica expone una de las justificaciones centrales de la pena: evitar que las víctimas hagan
justicia por mano propia y se transformen así en victimarios que generan, a su vez, nuevas represalias, estimulando un espiral de violencia y revanchas. La pena existe, entre otras cosas, para recrear condiciones de paz en un conjunto; en este caso, entre jugadores de fútbol. Falcao, al no ser sancionado en su hora, en lugar de pagar su "mala leche" con fechas de suspensión lo hace sufriendo en carne propia la injustificable represalia de su víctima de ayer. Ahora, el mismo Tribunal para el cual
esto merecía sólo una fecha de suspensión, castiga con tres fechas a Mendez. E intenta cerrar ese espiral.
Bonus-trackEl comentario de Bilardo post-partido y post-expulsión fue, por decirlo de algún modo, memorable. Su crítica fue algo como "si sabés que estás con 10, no podés hacerte expulsar por una calentura y dejar con 9 a tu equipo". Bilardismo qímicamente puro. A lo único que se refiere es al resultado, la violencia es circunstancial.
[Ilustración,
acá]